Vicente BELLO/TREN PARLAMENTARIO

Ciudad de México.- Este martes 28 de Febrero de 2017 comparecerá Luis Videgaray Caso, secretario de Relaciones Exteriores, ante el Pleno de la Cámara de Senadores. Lo hará luego de que los secretarios de Estado y del Interior del gobierno de los Estados Unidos sostuvieron una visita en México con sus homólogos –el mismo Videgaray y Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación- y con el presidente Enrique Peña Nieto.

Videgaray ya se reunió la semana pasada con los coordinadores parlamentarios del PRI, PAN, PRD Y PVEM de la Cámara de Diputados. Un encuentro perdido absolutamente para la función de control político de la Cámara de Diputados, en el que reinó la simulación y la carcajada, criticaron los opositores al régimen.

Videgaray negoció con los coordinadores de marras un encuentro bajo llave, al que no tendrían paso ni el resto de los diputados ni, mucho menos, los periodistas. ¿De qué hablaron? Sólo él y los coordinadores lo saben.

El sello de la oscuridad con que los capataces de San Lázaro y Videgaray marcaron el encuentro del pasado día 22, no deberá manchar el encuentro que hoy protagonizará el mismo funcionario pero ahora con los senadores de la República.

Ahora este canciller, que trae en la frente la marca negra de los traidores a la Patria, comparecerá ante el pleno de los 128 legisladores y deberá tener presente que el Senado es la institución del Congreso encargada por la Constitución de dar seguimiento a la política exterior mexicana.

Muchas preguntas esperan la contestación pormenorizada de Luis Videgaray Caso. ¿Las va a responder? Difícilmente los opositores conseguirán que el secretario responda a satisfacción. La mayoría conformada por el PRI y por el PVEM jugará un papel de complicidad con Videgaray, y sus trazos se verán desde el formato mismo de la comparecencia.

A lo único que jugarán a ganar los opositores es a exhibirlo como lo que juran los de Morena y un sector del PRD que Videgaray es: un total improvisado en la materia de la política exterior, y  un olímpico traidor.

Un falsario para los intereses del pueblo de México que habría sido impuesto por el mismo Donald Trump, cuando en lo que fue la primera conversación telefónica que sostuvieron el 10 de noviembre de 2016, el entonces recién presidente electo estadounidense y Enrique Peña Nieto, el ahora canciller fue vanagloriado por aquel luego de haber sido el artífice de la visita en agosto del entonces casi noqueado candidato republicano para ser recibido como virtual Jefe de Estado, nada menos que en Los Pinos, por el presidente mexicano.

Hasta el momento, a Videgaray nadie lo ha confrontado con rigor y obligado a revelar cuál fue el papel que ha jugado en toda esta historia infausta para México. Se ha escabullido con ayuda de gente subordinada, como son los coordinadores parlamentarios de la Cámara de Diputados.

Ciertamente comparecerá ante el Pleno; pero a su lado tendrá a los senadores del PRI y PVEM. El PAN, en este tema, ha jugado aparentemente a ser opositor, y se ha puesto a criticar también la sumisión que profesa este gobierno ante Trump.

Cuando Videgaray llegó a San Lázaro, la semana pasada, hizo declaraciones que endulzaron el oído tanto a opositores como a los mexicanos todos; pero carga sin que pueda evitar no hacerlo su historial de mentiroso y corrupto.

Los senadores que se oponen al régimen tendrán un trabajo laborioso cuando, desde la tribuna, traten de sacarle como con tirabuzón respuestas como aquella, precisamente, de que se constituyó en el primer nombramiento que hizo Donald Trump en el gabinete de Enrique Peña Nieto.

Preguntas como aquella de por qué no informa al Congreso sobre lo que habla en secreto con los funcionarios estadounidenses. O aquella otra pregunta que traen en ristre los opositores, de por qué puso en alta vulnerabilidad al país cuando se dice que revisa los discursos a Trump, con el riesgo de que Trump o su gente también terminen por dictar los pronunciamientos al gobierno mexicano… cosa nada imposible de que suceda o haya sucedido ya, dada la sumisión extrema en que el gobierno de Peña ha caído ante el gobierno estadounidense, que ya incluso el Episcopado mexicano criticó con vehemencia este domingo al calificar a la administración mexicana de “sumisa” y muy “cobarde”.

ESTRIBO

El Senado ayer se transfiguró en un recipiendario de ecos, cuando Miguel Barbosa Huerta, coordinador parlamentario de la fracción del PRD, anunció que apoyará a Andrés Manuel López Obrador en su carrera por la presidencia de la República.

Desde hace meses se miraba a Barbosa con muchas ganas de tomar distancia de la dirigencia nacional del PRD, a cuya cabeza sigue estando –más allá de la presidencia formal que ostenta Alejandra Barrales- el chucho mayor Jesús Ortega.

En conferencia, Miguel Barbosa Huerta dijo este lunes 27: “Soy perredista, pero apoyaré a López Obrador”. Y apostillaba: “He decidido apoyar a AMLO rumbo al 2018. Y hago un llamado al PRD a apoyarlo rumbo a la presidencia de la República”.

En el comité ejecutivo nacional esto que dijo Barbosa les supo a más de cinco como chile en embarrado en la cara. “El PRD se está vaciando y su dirigencia debe reconocer que eso es una realidad”.

Luego criticó a Miguel Ángel Mancera, actual jefe de gobierno de la ciudad de México, que llegó a serlo sin ser militante del PRD, recordó Barbosa.

A Mancera lo tienen en amplios sectores del PRD como a un “neroncito”, de la misma calaña de Videgaray y de Peña Nieto.

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