POLÍTICA, PORTADA, TREN PARLAMENTARIO

Febrero 2 de 1848 y febrero 2 de 2017… ¿una infeliz coincidencia?

VICENTE BELLO/TREN PARLAMENTARIO

Dos frases de Donald Trump en la conversación del 27 de enero, que sostuvo con Enrique Peña Nieto, están calando sin lugar a dudas en todo el territorio nacional hasta el tuétano. Que el ejército mexicano “está asustado” a la hora de combatir a los “hombres malos”, en alusión a los narcotraficantes; pero –acotó Trump restregándoselo a Peña- sus soldados no tienen miedo, y los enviaría a México para combatirlos.

México y Estados Unidos se metieron en un tobogán. Tan pronto una periodista mexicana (Dolia Estévez) dio a conocer una partecita de aquella conversación, en el portal noticioso Aristegui Noticias, seguida por la agencia estadounidense de noticias AP y luego por The New York Times, el país se adentraba este jueves 2 de febrero de 2017 por el recodo de un camino desconocido y peligroso.

Lo que dijo Trump a Peña Nieto de que podría intervenir militarmente en México, ha sido –en opinión del senador Manuel Bartlett Díaz- “lo más grave que nos ha sucedido en muchos años”.

Cuando ayer, 2 de febrero, el Congreso mexicano se partía en dos (Pri y Pan sólo aceptan que el Eejcutivo informe a la Comisión de Seguridad Nacional; pero Prd, Morena y Pt exigen que informe a todo el país), súbitamente aquella Efeméride barbotó, tallando aquella herida sangrante de casi dos siglos.

Ayer se cumplieron exactamente 169 años -2 de febrero de 1848- en que los Estados Unidos, mediante una guerra desigual e injusta, despojó a México el 55 por ciento de lo que entonces era el territorio mexicano.

Se adjudicaron, en lo que la historia del mundo ha juzgado como el más grande robo que han perpetrado los estadounidenses en toda su historia, más de dos millones de kilómetros cuadrados, sobre los cuales posteriormente, entre 1850 y 1910, fueron afincados los estados de California, Colorado, Wyoming, Oklahoma, Kansas, Nevada, Utah, y Texas por supuesto.

Y en 1852, bajo la amenaza de otra invasión, fueron comprados territorios identificados en México históricamente como la “venta de la mesilla”, sobre la cual ahora están los estados norteamericanos de Nuevo México y Arizona.

Los gringos, el de febrero de aquel 1848, dispusieron que debían (ellos solitos se “castigaron) pagar 15 millones de dólares a México, como indemnización de guerra, a cambio de quedarse con más de la mitad del territorio nacional. En 1852 pagaron por la Mesilla otros 10 millones de dólares.

Fue aquel despojo una vileza tan grande, que durante años en las universidades mexicanas se ha debatido si México no tendría que demandar un juicio ante instancias jurídicas internacionales por la recuperación de aquel territorio, bajo la argumentación de que son territorios mexicanos ocupados por los gringos.

Sería una verdadera locura, dadas las actuales condiciones políticas, económicas y militares de estos dos países. De hecho, esta posibilidad de demanda ni la piensan los gobiernos mexicanos, emanados de un sistema político absolutamente sometido y subordinado al sistema político de los Estados Unidos prácticamente desde la segunda mitad del siglo XIX.

El tratado de paz firmado entre México y Estados Unidos el 2 de febrero de 1848, tuvo el nombre de Tratado de Guadalupe-Hidalgo, que firmaron Luis Cuevas, Miguel Atristain y Bernardo Couto por México, y Nicholas Trist por Estados Unidos, en representación, los primeros, del entonces presidente interino mexicano (oh, casualidad infame: qué apellidos) Manuel de la Peña y Peña y, este último, por el entonces presidente de los Estados Unidos James K. Polk.

Mientras Wilfield Scott ocupaba Palacio Nacional con sus tropas, aquellos firmaban el tratado, denominado así porque lo negociaron y suscribieron nada menos que en el altar mayor de la basílica de Guadalupe (como se ve, los gringos no respetaron ni a la Virgen de Guadalupe, el emblema nacional más sagrado que ha tenido México), a la que entonces se le conocía como Basílica de Guadalupe de la Villa Hidalgo.

ESTRIBO

Febrero 2 de 2017. Ciento sesenta y nueve años después, un presidente norteamericano ha amenazado con invadir militarmente al país. Aparentemente reculaba es jueves 2, diciendo en Washington a través de un ujier sólo hablaba “coloquialmente”. Es decir, bromeaba con Peña Nieto.

Pero Peña Nieto calla y ha insistido en ocultar y mentir. Ya lo desmintieron reiteradamente, cuando afirma a través de sus peones que dicha conversación nunca ocurrió así, como la presentó Dolia Estévez, AP y The New York Times, escalonadamente; al contrario, ha dicho, transcurrió en los mejores términos: armonía y respeto.

Por cierto, en víspera de esta Efeméride, que sin duda los estadounidenses no olvidan como aquí sí han tratado de que a la población se le olvide, ocurrieron –además de la madriza que dio Trump por teléfono a Peña- dos hechos más, que colocan a México en situación de grave peligro:

Uno. Luis Videgaray Caso, el canciller mexicano al que la oposición acusa de gran traidor a la Patria y que fue impuesto en la cancillería por exigencia de Trump a Peña, se reunió intempestivamente en Tapachula, Chiapas, este lunes, con los jefes de los cuerpos de ejército norteamericano denominados Comando Norte y Comando Sur, así como con la embajada de ese país en México. Y nada de lo que acordaron ha dicho el gobierno mexicano.

Y dos: este miércoles 1 de febrero, sobrevolaron la frontera con México el secretario de Seguridad de Estados Unidos, John Kelly, y el gobernador de Texas, Grez Abbott. ¿Por qué? Nada dice el gobierno mexicano. Como tampoco, hasta el momento, nada han dicho los secretarios de la Defensa y de Marina mexicanos, sobre lo que Trump les dijo “coloquialmente”, de que los soldados mexicanos “están asustados”….

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3 Febrero, 2017

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