Luis Velázquez

Veracruz, México.– 40 días de la Yunicidad fueron suficientes para que Felipe Amadeo Flores Espinoza tronara como presidente del CDE del PRI, mudado ya en partido de oposición.

Pero con todo, un PRI azulado, al lado del gobierno azul de Veracruz.

Con todo, incluso, que el dirigente nacional lo ratificara en el cargo. Es más, hasta podría afirmarse que “El indio cara dura” fue descarrilado por las mismas huestes priistas que andan atrás de su silla.

Entre ellas, los corifeos del góber fogoso, Érick Lagos Hernández y Jorge Carvallo Delfín, soñando con regresar al partido como jefes máximos para manejar, con sentido patrimonialista, las candidaturas a presidentes municipales, síndicos y regidores.

Y de ganar, adueñados hasta de los cargos de confianza de los 212 Ayuntamientos.

En la rebatinga también está el senador Héctor Yunes Landa, convencido de arrasar con todos para quedarse una vez más con la candidatura a gobernador en el año 2018.

De ellos, el más peligroso para el reacomodo social, popular y electoral del PRI es el cónsul de Enrique Peña Nieto en Barcelona, pues según los mismos priistas, Fidel Herrera ya se adueñó del PVEM, que está impulsando, con su hijo, el diputado federal, Javier Herrera

Borunda, y su Barbie consentida, Carolina Gudiño Corro, como dirigente regional.

Algunos dicen que el prófugo de la justicia desde hace 87 días, Javier Duarte, también estuvo en la jugada para la caída de Flores Espinoza.

¡Falso!, pues Duarte anda ocupado el día y la noche con pactar con la PGR que le expidiera una orden de aprehensión acusado de varios delitos, entre ellos, delincuencia organizada y lavado de dinero (que son palabras mayores) y enriquecimiento ilícito y peculado.

La rebatinga por el PRI de oposición en Veracruz se reduce a los fidelistas y a los hectorizados.

Se diría, entonces, que Felipe Flores mejor prefirió retirarse, pues, además, su amistad a prueba de bomba con el gobernador resiste cualquier estampida de búfalos, y ante las circunstancias, mejor retirarse.

En el PRI ya fue de todo y sin medida. Sólo le faltó la gubernatura. En su rancho “La chicharra”, en Cotaxtla, herencia familiar que comparte con los hermanos, ha lanzado experimentos genéticos para exportar ganado, en tanto su Sancho Panza, Mario Tejeda Tejeda, mejora su ganado en el rancho “Las palomas”, en los Llanos de Sotavento, y se alista para su fábrica de queso de cabra y la venta de tamales a orilla de carretera.

De manejar, y de forma fallida, a políticos, Felipe Amadeo se entregará ahora de tiempo completo a arriar vacas montado en su caballo preferido, “El siete leguas”.

ESTRAGOS DEL DUARTAZGO

Según el politólogo Carlos Ronzón Verónica, si al PRI le irá bien con las municipales ganaría unas cien alcaldías, y si le va peor, apenas quedará en unas 30, y la mayoría de entidades indígenas y rurales, donde todavía cuenta, y cuenta mucho, la despensita de los programas sociales, también conocido como el voto del hambre.
Y más, por lo siguiente: desde ahora existe una deserción priista al partido MORENA, de Andrés Manuel López Obrador, aun cuando otra parte se está yendo al PAN.
De ñapa, el priismo está descarrilado por los desaciertos y errores del Peñismo, el último de los cuales, el gasolinazo, que con todo y culpar al precio internacional, el mal karma se impuso.
Y, por si fuera poco, el saqueo de Javier Duarte y los suyos, ninguno de los cuales está preso.
Partido de oposición en Veracruz, el tricolor sólo podría, digamos, resucitar un poco para ganar alcaldías si los caciques priistas de cada región imponen a los suyos para que así financien las campañas.
Y es que el duartazgo seguirá causando más estragos que se multiplicarán, incluso más allá del año 2018.

EL PRI NECESITA UN LÍDER CON AGALLAS

Según el presidente de la Liga de Comunidades Agrarias, Juan Carlos Molina Palacios, el PRI está secuestrado por los diputados federales, Érick Lagos Hernández y Jorge Carvallo Delfín, acatando órdenes de Fidel Herrera, y por el cacique magisterial, Juan Nicolás Callejas Arroyo.
También, por el senador Héctor Yunes Landa.
Ya se verá, entonces, el desenlace, cuya penúltima palabra corresponderá a la nueva delegada del CEN, Lorena Rodríguez Martínez, quien por cierto por aquí fue presentada el 6 de enero apenas, apenitas tres días le fueron suficientes para mostrar el puño y destronar a Felipe Amadeo, con todo y la versión de que alcaldes y diputados se le fueron a la yugular en una reunión privada con Enrique Ochoa Reza.
En estas horas, el PRI necesita de un gigante. Un gigante partidista y social, capaz de levantar expectativas y motivar a la militancia, mucho más allá de las elites tribales, pues el derrotismo predomina.
Sólo el liderazgo de un guerrero podría, digamos, resucitar al tricolor, luego de la doble derrota del 5 de junio con la gubernatura y el Congreso.
Y si imponen por dedazo, fast track, a un presidente, simple burócrata del aparato tricolor, sucumbirá al fondo del abismo electoral ante el peleador callejero que despacha en el palacio principal de gobierno.
Perdida la confianza ciudadana únicamente un político con agallas daría el ancho en la guerra política en puerta.
Sólo un priista con una personalidad fuerte y vigorosa, líder nato, respetado y respetable, con una influencia personal fuera de serie, dará el ancho.
De lo contrario, la Yunicidad se lo tragará.

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