Luis Velázquez/ Expediente 2017

 

Es la hora de la unidad nacional. Es el momento de que en México, y por añadidura, en Veracruz, se levante una gran insurgencia cívica y pacífica en contra de Donald Trump. Y devolverle “ojo por ojo y diente por diente”. Y más, ante tantas humillaciones a la dignidad humana de cada mexicano.

Es la hora de que, y por ejemplo, todos, la población, vayamos a la calle a protestar en contra de la política racista y segregacionista de Trump, a quienes el intelectual y escritor, Enrique Krauze, ha definido de la siguiente manera:

Narcisista, paranoico, autodestructivo, monstruoso y demente.

Es la hora de reproducir la vieja historia, cuando la población se desbordara en los pueblos alrededor de Lázaro Cárdenas y la expropiación petrolera.

Y más con la deportación masiva de migrantes sin papeles, y ante el muro, y ante los gravámenes anunciados a las remesas y ante la revisada del TLC y ante el impuesto del 20 por ciento a las exportaciones y ante el revire de parte de la industria automovilística.

Pero más aún, en contra de las humillaciones que Trump a cada rato desde cuando era precandidato presidencial y en la campaña y luego como presidente electo y ahora como presidente de Estados Unidos ha expresado sin ton ni son, dueño del mundo que se cree.

Y más todavía ante lo que parece inminente, ya es, como la persecución atroz de los mexicanos, seis millones que en el otro lado están sin papeles.

Los ojos del mundo están en el fuego cruzado entre Estados Unidos y México. Pendientes del desenlace en las horas y días turbulentos que se viven y padecen.

México es el primer país, su país vecino, a quien Trump declara de hecho y derecho la guerra.

Y por tanto, nos ha puesto en el umbral, como dice Krauze, de una guerra social, moral, política, económica y diplomática.

Y por eso mismo, de norte a sur y de este a este, en cada entidad federativa, hemos de irnos a una gran cruzada cívica, una marcha pública sin paralelo en la historia nacional, para expresar el rechazo total y absoluto a las locuras cada vez crecientes del presidente norteamericano.

 

EL SENTIMIENTO PATRIO

 

La secretaría de Relaciones Exteriores ha dado el primer paso. La orden a los 50 consulados de México en EU para defender a los paisanos.

Pero en el otro lado tenemos aliados. Los congresistas del Partido Demócrata y una parte del Republicano, gobernadores, alcaldes, iglesias, judíos, ONG y medios, entre otros.

Y al lado hemos de luchar, tocando a sus puertas, solidarios todos, que ya unos alcaldes, entre ellos, y por ejemplo, el de Nueva York, donde la mitad de la población es latina, que ha sido el más intenso.

Pero es la hora de expresar con hechos el sentimiento patriótico en todo el país. Marchas que organicen las ONG, por ejemplo, con la participación, digamos, de los gobernadores y los presidentes municipales de cada demarcación.

Y más, porque estamos ante un Trump imprevisible que nadie sabe sus reacciones.

Bastaría, por ejemplo, recordar que cuando los negociadores de México, con el secretario de Relaciones Exteriores, volaban a EU, asestó el manotazo con su tuitazo y anunció el muro.

Y cuando iban en el segundo día de las pláticas expidió otro tuitazo diciendo que México es injusto, háganos favor, en el trato con él y por eso cancelaba la reunión con Enrique Peña Nieto.

A los dictadores, dice Krauze, se les enfrenta.

Y es la hora, por la vía pacífica, de responder a Trump, “ojo por ojo, diente por diente”.

Y Veracruz, “centinela sin relevo de la soberanía nacional” con Benito Juárez y Venustiano Carranza refugiados aquí y con la defensa heroica del país el 21 de abril de 1914, ha de ser el primero en levantar la mano.

 

“SANGRE, SUDOR Y LÁGRIMAS”

 

En las horas revolcadas del otro loco, Adolfo Hitler, Winston Churchill ofreció a los británicos “sangre, sudor y lágrimas”.

Ahora, sería quizá igual, pero al mismo tiempo, una gran resistencia pacífica que habrá sido desde que Trump nos llamó violadores, narcos y drogadictos.

El Peñismo, cierto, ha de conservar la mesa del diálogo si tal fuera posible. Ha de mantener el cabildeo diplomático.

Pero de igual manera, la defensa del país con dignidad.

Y más, porque en ningún momento el problema es el pago del muro, por ejemplo, sino oponerse a su construcción, pues hacia el final del día hasta el muro de Berlín fue derruido.

Y más porque durante 200 años convivimos con la población norteamericana sin un muro.

Desde la Casa Blanca, México ha sido el primer país del mundo en ser agredido, perseguido y segregado.

La era trumpiana sólo merece reaccionar con firmeza.

Y más, entre otras cosas, porque de por medio está la desintegración familiar y amical de los seis millones mexicanos en EU que ya desde ahora viven y padecen un infierno peor, que ya de por sí con la xenofobia, pues bastaría recordar que con todo Barack Obama fue el presidente que más mexicanos deportó.

Es la hora de la unidad nacional luchando de manera pacífica.

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